Entrevista a Miriam Ceballos, Founder & CEO de SUPERNOVA

Miriam Ceballos es CEO y fundadora de Supernova y cuenta con más de doce años de experiencia en hoteles de lujo y agencias internacionales. Esta entrevista se centra en su visión del lujo contemporáneo, la creación de experiencias únicas y emocionales, y la importancia de la curaduría, el criterio y la autenticidad en el diseño de eventos para marcas internacionales.

¿Qué significa el lujo para usted?

Hace doce años habría dicho que el lujo era el detalle. La perfección del servicio. La pieza única.

Hoy lo defino de otra manera.

Lujo es acceso a lo que no se puede comprar con presupuesto. El sumiller que solo trabaja con quien conoce personalmente, o el maestro que aún fabrica azulejos a mano en un taller al que no se accede sin recomendación. El olivarero que recibe en su olivar a un grupo de ejecutivos porque alguien construyó esa relación durante años.

Todo lo demás (el hotel cinco estrellas, el chef con estrella Michelin, el coche con conductor) ya no es lujo. Es estándar de mercado. Cualquier marca puede comprarlo si tiene presupuesto.

El lujo real, en 2026, es la curaduría. La pregunta no es cuánto cuesta una experiencia, sino quién te lleva ahí. Y esa diferencia es la que separa una experiencia memorable de una factura cara.

¿Cómo nace Supernova y cuál fue su principal inspiración?

Supernova nace en 2023, después de doce años trabajando en hoteles de lujo y agencias internacionales. Pero la idea real nace dos años antes, en mitad de un burn out.

Llevaba tiempo notando algo que me incomodaba. Las agencias por las que pasaba diseñaban el mismo programa para clientes distintos. El mismo hotel, los mismos proveedores, la misma cena flamenca. Cambiaba el cliente, no cambiaba el programa. Era copia y pega de un catálogo de servicios.

Cuando mi cuerpo me dijo que no podía seguir así, entendí que el problema no era de ritmo. Era de método.

Yo vengo del coaching y del desarrollo personal aplicado. Llevo años practicando bienestar, autoconocimiento y crecimiento personal en mi vida privada. Y un día vi clarísimo que esa forma de mirar a las personas podía llevarse al diseño de eventos corporativos.

Porque al final, todos somos personas. Y un evento bien hecho es una de las pocas oportunidades reales que tiene una marca de encender una chispa en quien lo vive. Especialmente después del covid, cuando la necesidad de sentirse parte de algo más grande que uno mismo es más fuerte que nunca.

Esa es Supernova. Diseño de experiencias con criterio personal aplicado.

¿Cuál es el mayor reto a la hora de crear experiencias para clientes internacionales?

Que el cliente internacional llega con un imaginario de España que no siempre se corresponde con lo que España tiene de verdad para ofrecer.

Piensan en flamenco, paella y sol. Y nuestro trabajo es enseñarles que detrás de esa primera capa hay un país con un patrimonio cultural, artesanal y humano que pocos territorios europeos pueden igualar. Pero ese patrimonio no aparece en Google. Está en la agenda de quien lleva años construyendo relaciones con él.

El reto real es ganarse la confianza del cliente para llevarle fuera del guion. Cuando una marca acepta cambiar Marbella por Sancti Petri, o sustituir el hotel emblemático por una finca privada que nunca ha alojado un evento corporativo, ahí es donde nuestro trabajo empieza a tener sentido.

La confianza es el activo más importante de una agencia que trabaja con marcas internacionales. Sin ella, somos un proveedor logístico más.

¿Qué papel juega la emoción en el diseño de una experiencia premium?

Es lo único que importa.

Un evento puede estar logísticamente impecable y no haber pasado nada. Y un evento puede tener imperfecciones operativas y dejar a las personas marcadas. La diferencia no está en el presupuesto ni en el venue. Está en si la experiencia ha tocado algo real o no.

Hace poco organizamos un evento para cuatrocientas personas del sector farmacéutico en Marbella. El cierre no estaba previsto. El CEO del grupo subió al escenario sin que nadie se lo hubiera pedido, cogió el micrófono y habló. Nos dijo después que ese gesto le salió porque algo en el evento le había devuelto algo que llevaba tiempo sin sentir.

Esa frase es el único KPI que importa.

La emoción no es decoración. Es la prueba de que una experiencia ha hecho su trabajo. Y diseñarla con intención es lo que separa a un proveedor de un arquitecto de experiencias.

¿Cómo consigue Supernova que cada evento tenga identidad propia?

Trabajamos bajo un framework propio que llamamos S.O.U.L. — Story, Orchestra, Unexpected, Legacy.

Story es la narrativa. Cada evento empieza por una pregunta: ¿qué historia tiene que contar esta marca, a estas personas, en este momento? Hasta que no tenemos respuesta, no tocamos venue ni proveedores.

Orchestra es la dirección. Un evento bien diseñado tiene ritmos, silencios, momentos de tensión y momentos de pausa. No es una sucesión de actividades. Es una partitura.

Unexpected es el momento que la marca no había previsto que iba a entregar. Una sesión de bienestar en unas salinas artesanales. Un olivarero recibiendo en persona en su olivar. El detalle que nadie en la sala anticipaba y que se convierte en el recuerdo del evento.

Legacy es lo que queda cuando el evento termina. La conversación interna que sigue meses después. El cambio mínimo en la cultura de la empresa. La pieza de marca que va a seguir trabajando para el cliente cuando ya nadie recuerde el menú.

Ningún evento que diseñamos es copia y pega. Esa es la regla.

Como CEO y fundadora, ¿qué valores considera imprescindibles para liderar una compañía?

Tres, en este orden: criterio, coherencia y claridad.

Criterio, porque sin él una empresa no es más que un ejecutor sofisticado. El criterio es lo que te permite decirle a un cliente «esto no» cuando todos en el mercado le dirían «esto sí, ahora mismo».

Coherencia, porque una empresa que dice una cosa y hace otra termina perdiendo a los mejores. Tanto clientes como equipo. Y la coherencia se nota en lo pequeño, no en las declaraciones grandes.

Claridad, porque dirigir es, sobre todo, tomar decisiones rápido y con poca información. Quien lidera con ambigüedad termina con un equipo que no avanza.

A esos tres añadiría algo más blando que solo se aprende con los años: saber cuándo soltar. No todo lo que un líder podría controlar tiene que controlar. Y entender esa diferencia es la madurez profesional real.

¿Cuál ha sido uno de los mayores aprendizajes al frente de Supernova?

Que un sistema bien construido vale más que el esfuerzo individual.

Cuando empecé, hacía todo. Diseñaba, ejecutaba, vendía, presentaba, cerraba. Estaba presente en cada decisión porque pensaba que esa era la garantía de calidad. Pero esa forma de trabajar tiene un techo muy bajo. Y, sobre todo, no es replicable.

El verdadero salto vino cuando entendí que mi trabajo no es ejecutar. Es construir el método para que el equipo ejecute con el mismo criterio que yo. Es lo que hace S.O.U.L. Es lo que hace nuestro proceso de diseño. Y es lo que nos ha permitido pasar de ser una agencia más a ser una agencia con voz propia.

El aprendizaje, dicho de otra manera, es que la calidad no se sostiene con esfuerzo. Se sostiene con sistema.

¿Qué le sigue ilusionando después de tantos años?

La conversación con el cliente cuando entiende lo que estamos proponiéndole.

Hay un momento muy concreto, en cada brief, en el que el cliente pasa de pedir un programa a entender que está hablando con alguien que ve algo que él no había visto. Es un cambio de mirada. Cambia el tono, cambian las preguntas, cambia incluso el cuerpo.

Ese momento sigue ilusionándome igual hoy que hace doce años. Porque ahí es donde empieza el trabajo real. No en la propuesta. En la conversación.

Y porque me confirma que el camino que elegí — apostar por el criterio frente al catálogo — es el correcto. Aunque sea el más lento.

¿Qué sueño le gustaría cumplir con Supernova?

Convertir a Supernova en la referencia europea cuando una marca internacional o su agencia piensa en organizar un evento en España, o cuando una empresa española necesita extender una experiencia a otro destino.

No la opción local. La referencia. La que se menciona sin tener que buscar.

Eso requiere construir tres cosas en paralelo. Marca, para que el nombre suene cuando no estamos en la sala. Casos, para que cada nuevo proyecto se apoye en lo anterior. Y método, para que el equipo pueda crecer sin que la calidad se diluya.

Estamos en ese camino. Y aunque pueda parecer una ambición grande, en realidad es un trabajo concreto y diario. Cada evento que entregamos es una piedra más en esa dirección.

¿Qué le inspira a nivel personal?

El desarrollo personal aplicado. Todo lo que he aprendido en coaching, en psicología, en bienestar, en disciplinas de autoconocimiento — no como tendencia, sino como práctica diaria — es lo que me sostiene como persona y como CEO.

Me inspiran las conversaciones profundas. Los libros que cuestionan. Los maestros que enseñan despacio. Los momentos de silencio que casi nunca se respetan en los entornos profesionales pero que son donde aparecen las mejores ideas.

Y me inspiran los seres humanos que han hecho el trabajo interior necesario para llegar a un puesto sin perderse en el camino. Esos son los líderes que admiro. Y esos son los que terminan siendo nuestros mejores clientes.

¿En qué lugar piensa cuando viaja por placer?

Tengo dos formas de viajar.

Por un lado, conozco España viajando. Me gusta vivir los destinos a los que llevamos a nuestros clientes — recorrer Andalucía, descubrir pueblos, comer en sitios pequeños, pasear sin guion — porque esa es la única forma honesta de saber si lo que vamos a proponer está a la altura. No se diseña una experiencia desde el despacho. Se diseña habiéndola vivido.

Por otro lado, cuando viajo por puro descanso, busco exactamente lo contrario de lo que hago a diario. Mi vida se basa en organizar eventos, mover personas, llenar agendas. Cuando me voy de vacaciones, quiero ir a sitios donde no haya nada que hacer. Sitios donde el día se concentre en la conexión interior, en el bienestar, en la desconexión y en la ausencia de programa.

Para mí, en el viaje personal, el lujo es exactamente eso. El tiempo sin agenda.

¿Tiene algún hobby secreto?

Más que un hobby secreto, tengo tres prácticas que sostienen mi vida fuera del trabajo. El deporte, la lectura constante y la escritura como forma de visualizar metas.

El deporte es la manera en que libero la energía contenida. Una vida dedicada a organizar, dirigir y resolver acumula tensión que necesita salida física, no mental.

La lectura es disciplina pura. Leo todos los días, sin orden estricto. Ensayo, biografía, divulgación, narrativa. Aprender cosas nuevas es la única forma que conozco de no quedarme repitiendo lo que ya sé.

Y la escritura, no para publicar, sino para ordenar lo que quiero, lo que rechazo, hacia dónde voy. Es una práctica privada que probablemente es la que más influencia tiene en cómo lidero.